miércoles, 11 de marzo de 2015

El verano de Natalie Davis.

"Persigue tus sueños o se convertirán en pesadillas" P. Coelho

Sentía poseerlo todo para triunfar, pero aparte de mis atributos físicos o mis cualidades intelectuales  tenía lo más importante que una persona pueda tener; un sueño y la convicción y ganas de cumplirlo. Ansiaba ser modelo profesional, viajar por todo el planeta, posar en lugares exóticos protagonizando campañas exclusivas siendo del mismo modo portada de las mejores revistas del mundo. No obstante, también tenía un problema y es que mi padre se oponía a ello. ¿Cómo iba a conseguirlo si mi progenitor del que dependía enteramente no lo iba a permitir?. Bueno, por ello escribo esta historia. Dejad que me presente. Mi nombre es Natalie Davis. Y esta es la primera entrega de mis aventuras tituladas "El verano de Natalie Davis"

Mis amigos y compañeros de Instituto siempre alababan mi aspecto físico, me piropeaban, a veces también lo hacían algunas chicas pero no me importaba. Era la capitana del equipo de baloncesto, posaba para la revista del Instituto, me elegían para todo tipo de eventos solo por mi presencia y unos días después de cumplir 18 años apareció la edición de bañadores de la revista Sports Illustrated del año en el que acababa el Instituto, la elegida fue la modelo Hannah Davis, aún a riesgo de parecer ingenua he de admitir que comprobar que mi apellido coincidía con el suyo me hizo sentir especial y me veía a mí misma luciendo en la portada de Sports Illustrated, firmándola a millones de fans, siendo invitada a fiestas exclusivas con personas influyentes, modernas y hermosas. Decidí de resultas que ese iba a ser mi destino. Es más, cuando presentaron la portada de Hannah Davis en el programa de televisión de Jimmy Fallon vislumbré lo que iba a acontecer, Natalie Davis en el susodicho show tras ser elegida como portada de la icónica revista. Estaba claro, iba a ser supermodelo. 

Mi nombre Natalie fue escogido en homenaje a Natalie Portman. Mientras mi madre lo eligió por su belleza mi padre lo eligió por su inteligencia, mientras mi madre quería que yo fuera modelo o no le importaba que lo intentara mi padre quería que fuera abogada, él pensaba que así ayudaría a los pobres y a los más necesitados. Sin embargo, yo estaba segura que ayudaría a los pobres y a los más necesitados de una manera más decisiva y es que les alegraría la existencia con mis campañas fotográficas en bañador o mis libros con dedicatoria personalizada. Mi padre no se daba cuenta que al ser abogado solo ayudaría a los ricos y a las grandes corporaciones que tendrían el dinero para ficharme y a los pobres o les metían en el trullo o les darían un abogado de oficio de segunda división. Pero no tenía dinero para cumplir mi sueño así que mi padre abogado reconocido en Manhattan se mantenía firme en sus trece. 

Tanto es así que dejé de hablarle, así llegó el verano y acabé mi formación, tenía 18 años y tenía que apresurarme, otras modelos de países pobres llevaban desde los 8 años sin parar de presentarse a pruebas, castings, obteniendo contactos etc.. yo como era de Manhattan había mantenido la dignidad hasta los 18 años pero el tiempo apremiaba. Ya tenía el maldito diploma con buenas notas, había ido al baile de graduación con el capitán del equipo masculino de baloncesto (para guardar las apariencias ya que ni siquiera nos hablábamos) pero tenía que decidirme ya, viajar, hacer ejercicio, ponerme a dieta y dar clases de interpretación. Después de la fiesta de graduación dejé de hablar a mi padre, no entiendo a esos progenitores que se oponen a que sus hijos persigan sus sueños. El tiempo corría y él no iba a dar su brazo a torcer, ya había hablado con influyentes contactos y me iban a matricular en una universidad privada para estudiar Derecho, estaría rodeada de trepas que matan por unos dólares vestidos en trajes caros yo quería matar por unos dólares en ropa interior, tiene más encanto, es más natural y ampliamente más divertido. Y entonces llegó mi madre con una idea, en su opinión genial, para ayudarme a tomar la decisión (y es que en el fondo ella quería decirle a sus amigas que su hija era modelo profesional) mi madre quiso mandarme a la ciudad donde había nacido, o mejor dicho, a la ciudad de mis abuelos, Tarazona, en el norte de España, en la región de Aragón,  provincia de Zaragoza, a pocos kilómetros de Navarra y Soria en un enclave rural junto al Parque Natural del Moncayo. Un lugar poco propicio para una chica de Manhattan ¿o sí?.

Mi madre llevaba más de 20 años viviendo en Nueva York pero tenía muchos recuerdos, mis abuelos y sus familias eran de allí, en Tarazona se habían conocido y allí se habían casado. A decir verdad, mis abuelos habían nacido y crecido en la ciudad del Cipotegato. Mis abuelos habían trabajado ambos en la fábrica fosforera de la ciudad y ahí iban a descansar eternamente. Yo había estado de muy niña y había hecho mis amigos pero ya serían mayores y yo ya no recordaba ni Tarazona ni el Moncayo tan al detalle. Mi madre al casarse con un importante abogado de Manhattan había dejado de hablar español en sociedad y se limitaba a hacerlo en casa, a través del teléfono o en foros de internet. No obstante, a veces le entraba la añoranza, sobre todo cuando mi abuelo, su padre, falleció súbitamente de un ataque al corazón, fue un golpe muy duro para ella y como se sentía culpable por no haber estado con su madre cuando sucedió todo pensaba que sería una gran oportunidad para dejar su conciencia en paz y decidió enviarme a Tarazona a pasar el verano. Como he dicho mi abuelo había fallecido unos meses atrás como yo estaba en plenos exámenes y como no me apetecía mucho coger un vuelo tan largo alegué que el jet-lag no es bueno para la piel y no acudí, mejor, mi madre estaba muy afectada y no la quise ver ni a mi abuela ni a ella mal, se sentía culpable por no haber estado más cerca de su padre. Con mi verano en su ciudad natal ella conseguía resarcir un poco su conciencia y yo daba compañía a mi abuela que afrontaba los últimos días de su existencia en soledad.

La mayoría de mis amigos iban a pasar el verano en los Hamptons, y sería preferible a pasar el verano en un pueblo de España pero la situación en casa era insostenible, además no tenía dinero y no me apetecía para nada trabajar ya que tenía miedo de que me salieran arrugas si trabajaba en un restaurante de comida rápida. Una vez comprados los billetes de avión podría mantenerme fácilmente con mi abuela, además, mi padre estaba furioso porque al ser hija única iba a pasear su apellido por toda la eternidad por lo que la decisión no iba a ser sencilla y la convivencia ese verano tampoco. ¿Qué pensarían sus amigos abogados millonarios al ver que sus hijos tienen un póster en bañador de la hija de su colega de bufete?. La humillación para él sería grande. Pero me mantenía segura en mis opciones "Persigue tus sueños o se convertirán en pesadillas"

Mi madre pensó que sería una oportunidad para conocer mis orígenes, lo comparaba a la segunda parte de El Padrino cuando Michael Corleone interpretado por Al Pacino decide recordar sus orígenes para dar un paso al frente de forma definitoria y recuerda el pasado de su familia y ve como su padre de joven (interpretado magistralmente por Robert De Niro) recorre un tortuoso camino para convertirse en el Padrino, yo quería convertirme en modelo pero la comparación puede ser apropiada, mafioso en el Siglo XX, supermodelo en el Siglo XXI. 

Además, quería aprender español y pasarlo bien porque siempre enriquece y alegra el alma estar en un nuevo país. Permanecería todo el mes de Julio y el de Agosto hasta las fiestas de finales de verano que empiezan el 27 de Agosto en honor a San Atilano, en esos 2 meses disfrutaría de la vida, perfeccionaría mi español, daría compañía a mi abuela y decidiría que hacer con mi vida, o en otras palabras, mi madre convencería a mi padre. Ella le aseguró que al descubrir en profundidad sus humildes orígenes entraría en razón y acabaría estudiando Derecho, en realidad, mi madre ganaba tiempo y al estar sola en casa y tener mi padre mucho estrés en el trabajo poco a poco iría convenciéndole para que me dejara ser modelo, después de todo, podría estudiar derecho más adelante, no sé, cuando me retirara de la moda creo yo. 

Alguna de mis amigas se reía y mofaba ya que iban a pasar el verano bebiendo Manhattans en el centro de Manhattan pero poco sabían lo cool que queda regresar de las vacaciones de verano y contar a los colegas que has estado en el campo en un sitio impronunciable para ellos y en España que tiene buena fama en cuanto a diversión se refiere y de donde tus abuelos y tu madre son originarios. Iba a ser la envidia de Nueva York por unos días (hasta que las series de la televisión de pago empezaran sus nuevas temporadas en Otoño)

La razón por la que mi madre acabó viviendo en Manhattan es chocante, mi madre había hecho un curso de inglés en Nueva York a los 18 años (mi misma edad) con todos los ahorros de la familia, décadas de trabajo para pagar esa estancia, en realidad, mi madre tenía un plan mejor y era casarse con algún gentleman, de esos que veía en las películas porque los de su país no le gustaban, mi madre siempre estaba viendo películas americanas, le encantaban las de Nueva York. Por su parte, mi padre defendía los intereses de grandes corporaciones y quería e incluso necesitaba imperiosamente casarse y tener una buena esposa, la relación fue viento en popa desde el principio. En su bufete, los solteros eran considerados de dudoso gusto y además, a él le encantaban los rasgos latinos. En el mundo en el que se movía mi padre, las mujeres europeas, sobre todo del Sur de Europa tenían buena fama al ser buenas amantes, mejores esposas, muy cultas, grandes cocineras y unas madres estupendas. O mejor dicho, era lo que se creía en su bufete de abogados y eso para él era muy importante. Mientras mi madre intentaba aprender inglés él estaba de prácticas en el mismo despacho en el que ahora es toda una eminencia y ella iba a pescar un buen marido digo... a estudiar inglés, se encontraron el hambre con las ganas de comer. La relación soñada por ambos. Amor a primera vista.

Mi padre nunca tuvo demasiada suerte con las mujeres de Nueva York, las mujeres de Manhattan eran demasiado independientes y muy aficionadas a los divorcios, otra cosa que tampoco estaba muy bien vista en su bufete, enganchadas a series como Sexo en Nueva York las mujeres que mi padre acostumbraba a conocer eran demasiado complicadas para su gusto, ellas buscaban novios muy jóvenes, musculosos (mi padre siempre estaba estudiando y no tenía tiempo para ir al gimnasio) bronceados y con abultadas cuentas bancarias (bueno en esto no cojeaba) él lo que quería era una mujer europea, morena, ojos grandes, simpática, sociable, educada y extremadamente bella y es que para sus jefes las mujeres españolas suelen ser una buena apuesta por su cultura de mujer fuerte, devota no solo de su marido sino de su familia y reputación, y esto era muy importante en el bufete de abogados de mi padre. 

A decir verdad, mi madre es extremadamente guapa, tiene encanto, clase, su acento en inglés volvía locos a todos los amigos y familiares de mi padre, no tanto a los compañeros de estudios de mi madre que apenas la vieron un día, y es que mi madre dejó las clases el primer día, al ver a mi padre andar por la calle en pleno Manhattan se rindió a sus pies, como en una buena (o mala) comedia de sobremesa situada en Nueva York. Ella se enamoró perdidamente de él, le recordó a George Clooney en la película Michael Clayton (aunque no tenga nada que ver con una comedia ni con la realidad, bueno, al menos mi padre y el actor llevaban el mismo traje). Cuando ella le miró su corazón se derritió y decidió darlo todo para casarse con ese apuesto abogado (o en ese momento aspirante a súper abogado).

La historia de amor de mis padres fue muy bonita, el abogado enganchado al trabajo que solo piensa en tener un currículum perfecto y la mujer que cree en el amor y lo deja todo incluida su familia y país de origen por obra y gracia de las estratagemas de Cupido, uña y carne, no tenían ni tienen ningún roce ni ningún problema, eran una pareja envidiable, juntos consiguieron formar una familia y además convertir a mi padre en lo que es hoy, un abogado prestigioso. Sin ir más lejos, cuando había un juicio complicado mi madre llegaba a la corte con un traje ceñido para que mi padre se motivara,  y para sorpresa de muchos no así para mi madre, mi progenitora nunca terminó ese curso de inglés ni regresó nunca más a España. Iba a su ciudad natal Tarazona en Navidad, Semana Santa para ver las procesiones y sobre todo en las Fiestas Patronales ya que el Cipotegato festividad por la que se lanzan tomates a un personaje medieval le hacía sentir bien y le hacía eliminar estrés. Un año trajo a una de sus mejores amigas que para superar su 3 divorcio decidió tirar tomates al Cipotegato, estuvo a punto de casarse por cuarta vez tras haber bebido mas de la cuenta en los bares de la ciudad pero gracias a dios no pasó a mayores.

Todos los años traía a alguna de sus amigas que al ser de Nueva York veían encantadas el ambiente de la ciudad y como la gente se conocía y se saludaban ya que en Nueva York es difícil encontrarse por la calle con algún conocido. A pesar de que en Nueva York la gente es también muy sociable las amigas de mi madre disfrutaban enormemente de las gentes de la Comarca de Tarazona y el Moncayo y los turiasonenses se volvían locos con alguna de las amigas de mi madre y ella tenía que hacer de traductora, cuando el tiempo se lo permitía ya que al ser conocida y vivir en Nueva York todo el mundo la invitaba al cuarto de fiestas, a los toros, a tomar vermú y a ir a las huertas a comer. Ella como homenaje a mi fallecido abuelo y para alegrarle la existencia a mi abuela que guardaba riguroso luto, iba a enviarme a Tarazona a pasar el verano, en vez de ir de Philadelphia a Los Ángeles como Will Smith en su serie yo iba de Manhattan a España, pero eso sí, en vez de ir en Taxi como el protagonista de "El príncipe de Bel Air" yo iba en avión y en primera clase, para algo mi padre era licenciado en Harvard y un abogado millonario. 

¿Qué me acontecería ese verano en España? ¿Me adaptaría a la vida modesta de una ciudad pequeña como Tarazona? ¿Sería un verano tranquilo o movido? ¿Cómo sería para una chica rica de Manhattan vivir en una zona rural rodeada de naturaleza? ¿Podría llevar tacones caros recorriendo el campo o trajes de Carolina Herrera subiendo al monte?.

Y al acabar el verano....¿Estudiaría Derecho, intentaría ser modelo o no volvería jamás a Manhattan? Comparte, comenta, esta es la primera entrega de la primera aventura de mi nuevo personaje Natalie Davis, El Verano de Natalie Davis. La próxima entrega será....¿Podrás esperar?. (siguiendo el link puedes ver la portada de Hannah Davis y su presentación en el programa de Jimmy Fallon Hannah Davis) Comenta, comparte.

6 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho en especial los tres primeros párrafos, creo que va a ser una buena historia me gusta de verdad. Están muy bien las menciones que se hacen del padrino o de Will Smith, da mucho juego. También me gusta la descripción que se hace de su madre y su padre, muy apropiadas para la historia.

    ResponderEliminar
  2. Crítica Constructiva. En vez de narrar hablándole al lector es mejor q narres (aunque sea en primera persona) de forma que se note que son pensamientos o que se vea de forma más interiorizada. Porque así es más fácil para el lector meterse en la historia e identificarse con la protagonista.
    Por lo demás todo muy bien, yo creo que es una historia que puede quedar genial

    ResponderEliminar
  3. ¡¡¡Tengo ganas de leer más aventuras de Natalie en el Moncayo!!

    ResponderEliminar
  4. Hannah Davis la supermodelo que ha inspirado el personaje de Natalie Davis

    ResponderEliminar
  5. Tienes talento, sigue escribiendo, se te da bien.

    ResponderEliminar